Tengo en mis manos el número 7 de la revista "ESCUELA". Consta de siete páginas y se sobreentiende que es "un intento de aportar herramientas de trabajo para el profesorado".
En este número nos explican cómo usar el modelo de indagación científica y sus ventajas. Y cómo soy de ciencias me dije: ¿aprenderé algo nuevo?:
El modelo es "una versión en miniatura del método científico" (¿?) para "organizar el conocimiento y generar principios". Por supuesto, no sabemos lo que se entiende por principio: ¿es una ley natural, una idea, una ecuación matemática?.
Nos introduce el tema con un pequeño cuento de hadas, muy coeducativo todo él. En una escuela de primaria de Gran Canaria, los alumnos hablan sobre el origen de su isla. Todos habían visto el día anterior un programa de televisión en el que se formaba una isla a partir de un volcán submarino. La profesora asiste con asombro (¡y tanto!) a un debate cuasi-científico en el que se aportan posibles orígenes de la isla: la Atlántida, volcanes submarinos, el Teide .. y decide hacer algo poco habitual: en vez de parar la discusión y empezar su clase o responder a la cuestión de forma amena y sencilla (aunque no fuese la semana de Canarias), "acompañaría" a su clase en un proceso de indagación.
Por descontado, todos los alumnos estaban dispuestos a trabajar fuera y dentro de clase para responder a las preguntas investigando. Y la profe se dispone animosa a cambiar toda la semana de planificación, preparar nuevas actividades y ampliar sus propias destrezas profesionales con la inestimable ayuda del Centro de Profesores.
El idílico y surrealista cuento ilustra a las claras la diferencia entre la educación virtual de pedagogos y otras especies educativas que pululan por los CEP y la educación real de la escuela.
Es difícil imaginar a todos los alumnos viendo documentales, increíble pensar que leerán libros sobre el origen de la Tierra (excepto los frikis, claro), pero es imposible que estén dispuestos a investigar. Porque para investigar hay que leer mucho, documentarse y pensar, lo cual se convierte rápidamente para el alumno medio actual en una "paranoia"y genera dos actitudes: o se niegan sistemáticamente o hacen un mohín de fastidio y dicen: "no sé" (o no je, si es andaluz).
El ánimo de la profesora caería ipso-facto al comprender la enorme tarea a la que se enfrenta. Debe empezar por obtener un conocimiento científico adecuado sobre el problema, vulgo estudiar geología, diseñar (¡partiendo de cero!) un conjunto de actividades y material adaptado que permita imitar el proceso a los niños de primaria o secundaria (lo mismo da). Para colmo, el proceso debe readaptarse según vaya la cosa, pues el modelo se caracteriza porque los resultados dirigen el proceso. ... todo mientras sigue dando clases a otros alumnos, corrigiendo, preparándose otras clases, asistiendo a reuniones, sin puesto de trabajo fijo con su ordenador, impresora, conexión a Internet, etc,etc.
Los autores del trabajo viven en un mundo educativo virtual tan irreal que no caen en la cuenta de que no han podido elegir un ejemplo (porque no es un caso real, claro) mas inadecuado: ¿alguien cree que lo alumnos de primaria están capacitados para proponer "hipótesis rigurosas" sobre un problema tan complejo?, ¿cómo se "descubre" o "investiga" sobre el nacimiento de un volcán submarino?, ¿alguien es capaz de proponer algún tipo de experimento, por nimio que sea, sobre el nacimiento de un volcán submarino en una clase de primaria?.
Paparruchas educativas, verborrea pedagógica de la mas baja estofa.
Pero lo peor es que se lo creen.Piensan de verdad que el modelo es aplicable en condiciones reales. Nunca lo han intentado pero nos hacen un favor que nos alzará a nuevas cotas de excelencia educativa. ¡Si hasta se atreven a escribir que "el modelo da buenos resultados con estudiantes con severas incapacidades sensoriales"!.
No puedo terminar esta entrada sin decirles a estos gurús la gran frase que ha recopilado el humorista Manu Sánchez: ¡Ji, Paco!.
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