A raíz del adelanto de las clases de primaria y secundaria y la cada vez mayor (ya inmensa) carga burocrática que la administración tiene a bien cargar sobre nuestras espaldas; los profesores, hemos descubierto que la sociedad demanda de nosotros una función bien diferente de la que llevábamos desempeñando hasta ahora.
Yo pensaba que nuestra misión era enseñar a nuestros alumnos lo mejor posible, formándolos y educándolos como ciudadanos. Cuanto mejor cumplimos este objetivo mejor profesor somos.
Pero no, por lo visto nuestra función es pasar determinadas horas en un centro público rellenando papeles, que por lo que se ve es lo que hacen los funcionarios, y cuidando algunas horas (cuantas mas, mejor) de niños y adolescentes para que sus padres puedan trabajar o realizar otras actividades (que es lo que llaman conciliar la vida familiar y laboral).
Pues bien, puestos a ser funcionarios y pasarme la vida rellenando papeles que se archivan, haciendo las veces de administrativo de mi mismo y de experto en todo a golpe de boja y normativa; debo gritar a los cuatro vientos: ¡QUIERO SER FUNCIONARIO DE VERDAD!.
Quiero un puesto de trabajo digno (no hace falta un despacho para mí sólo, que vá) que tenga ordenador con conexión a internet y acceso a impresora, una mesa con su silla y una estantería con los manuales que me hagan falta (para así poder llenar el despacho de mi casa con los libros que me gustan) y material de papelería para guardar mis papeles y los de los niños. Ni que decir tiene que con calefacción en invierno y aire en verano.
Quiero profesionales que se encarguen de aquello en lo que no soy (no puedo ser) experto o de lo que no me debería encargar: informáticos que reparen los ordenadores (el software y hardware) y me expliquen las últimas novedades y secretos del programa Séneca (en vez de perder horas descubriéndolo por mi mismo); administrativos que rellenen los papeles que no se corresponden con mi supuesto trabajo; conserjes que atiendan al centro por la tarde; mentores que acompañen a los alumnos a viajes (o que me paguen y se me reconozca de verdad las horas que paso con ellos), personal de seguridad que cuide de nosotros y de los niños frente a personas del exterior (o del interior).
Quiero tener en mi centro una tarjetita para picar, cumplir mis horas y olvidarme de que existe el centro fuera de mi horario de trabajo. Si se empeñan en seguir ampliando los días de clase, quiero mis días moscosios y mis vacaciones cuando yo quiera.
Quiero formación de verdad en horas dentro de mi horario de trabajo y que no me coman mi tiempo libre ni me cuesten el dinero. A ser posible y de forma urgente debería de hacer cursillos para que me expliquen de verdad cómo dar clases de física y química de secundaria a grupos de treinta alumnos teniendo entre ellos a un hiperactivo, un chica con nivel de primero de primaria, tres tíos como castillos que sólo están esperando a tener dieciséis años para largarse del instituto, dos que van para “diver” y no hacen nada de nada; todo mientras intento que los que van a elegir mi asignatura en cuarto aprendan la física que les hace falta el curso próximo.
También necesitaría rápido un máster express en pedagogía y psicología del niño con problemas (hiperactivo, down, esquizofrénico, niño malcríado, etc)…. aplicada a la enseñanza de las ciencias naturales, claro (que para algo soy profe de ciencias, digo yo).
Ah! Y tampoco vendría nada mal un curso on-line de normativa en educación a tiempo real (al ritmo que cambia…) y un ordenador portátil igual a los que tiene los alumnos que nos llegan de primaria (discriminaciones, las justas).
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